RODARON LAS IDEAS DEL BAUTISTA

Ilustración y poema de Oswaldo Mejía

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Guardianes descarados

Alardean con su voz.

El rebaño esgrime “haches”

Loas a su redentor.

Las lenguas lamerán,

El soberano eructará.

La diferencia es melodía…

¡Cierren puertas los de atrás!

¡Cierren puertas los de atrás!

Son cantos de sirena,

Son mentiras desde afuera.

Sólo huecos al vacío…

¡Cierren puertas los de atrás!

¡Cierren puertas los de atrás!

El pregón es la locura…

¡Cierren puertas los de atrás!

¡Cierren puertas los de atrás!

DANZA NIBELUNGA

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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Aún tengo en mi paladar el sabor áspero de aquel platillo que nunca pudimos preparar, pues los ingredientes quedaban muy distantes, mas, si también es tu deseo, hoy bailaremos desnudos sobre la mesa que ya se cansó de esperar por el mantel largo que sólo serviría para restregar nuestros hociquitos. Quiero ponerme de pie y llevarte en brazos mientras canto a tu oído esa canción en sensual francés que nos recuerda un futuro. Si desafino u olvido la letra ¿Tú querrás aplaudirme niña mía, o partirás el pastel de cumpleaños sin que hallemos nuestras extraviadas corduras?

Los sueños no tienen manos, y aún así son capaces de acariciar.

UN PARAGUAS NO DETIENE LA LLUVIA

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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“¡Mentira! ¡Maldita mentira!”…Como si la mentira fuese el pecado.
La mentira es la acción, el engaño es la intención.

…Si el propósito no es dañar ¿Dónde está lo condenable?

¡Mentira! ¡Bendita mentira!…Si con ella me inventé un mundo llevadero. Mi resiliencia y esta sonrisa indeleble que pinté sobre mi rostro las construí sobre su base. Aquí hubo una gran mentira, mas no hubo engaño. Yo me mentí y yo fui mi cómplice, pues me esforcé por creerla, pues deseaba sonreír, y ténganlo por seguro, me iré de aquí, sonriendo con mi auto mentira bajo el brazo.

…Si los verdugos vinieran en busca de mi madre, yo la ocultaría y les diría que ella no está, que se fue hacia el oeste. Dios ¿Me condenarías por mentir…?

“¡Mentira! ¡Maldita mentira!”…Como si la mentira fuese el pecado...

A VECES CREO QUE NI CREO

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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Nadie sabrá que aquella noche caminamos por las paredes, el techo, y el tiempo.

Cuando estés al otro lado de la herida, querrás traer a tu memoria la deliciosa tortura de recordarme invadiendo cuanto portal hallé en ti; tu sumisión reclamando mi sudor y mi aroma a celo.

Un enjambre de mariposas manó de nuestras bocas, degustando nuestras esencias, taladrando la oscuridad del Yo animal. Semidioses revolcándose entre lujurias ancestrales que evocan un pasado en el que los humanos procreaban huevos. No importa si la realidad es cuadrada o una elipse de ciclo continuo, la testarudez nos impuso devorar lo sensato.

-Yo te acompañaré a retomar el devenir. Ahora habito en ti, y tú, rememoras al semental de barro humedecido con saliva, llanto y flujos de ambos.

DIALOGO CON LA LOCURA

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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Tu despertar fue aquí, en esta burbuja bendita donde la Ataraxia es dádiva por defecto, la ausencia de temores y necesidades. Puedes estar de cabeza y estás cómodo. La temperatura siempre es la ideal y tu alimento fluye por naturaleza… ¿Acaso es la sucursal del idealizado Cielo?

Han transcurrido treinta y seis periodos de siete días y de pronto tu paz se quiebra; todo vira hacia el caos. La burbuja que te contuvo ahora se estremece en violentas contracciones que estrujan tu ser: -¡Te presento al Dolor!- El espacio mismo te aprieta; no comprendes el afán de esa fuerza por desalojarte de tu Cielo.

Sumado al empuje que te está desalojando, otra fuerza proveniente del exterior sujeta firmemente tu cabecita y tira de ella con violencia, como si quisiera arrancarla de tu cuerpecillo. Ahora estás en un mundo nuevo; quizás frío, quizás caliente, pero indudablemente cruel, doloroso, hostil. No puedes respirar. Por primera vez te hallas cara a cara con la muerte: -¡Te presento al pánico!- No entiendes porque te hiciste merecedor a padecer esto.

Un golpe seco, con inusitada violencia se estrella contra tus nalgas. El dolor es intenso, aunque sirvió para desbloquear tu respiración. Estas jadeando, respiras sin ritmo; tu pecho, tu cabeza, tu alma misma parece querer estallar. Se te hace obsesivamente necesario el recuerdo de tu burbuja, la anhelas, extrañas su tibieza y su aroma ¡Si. Necesitas su aroma! Pero te están alejando de su ansiado olor; más lejos, cada vez más lejos: -¡Te presento a la soledad! Al abandono que aprieta, hiere y mata.

Es demasiado sufrimiento junto, es una tortura in crescendo que no cesa, deseas desaparecer, que todo culmine: -¡Te presento a la locura!- Ella será el mecanismo de defensa al que podrás recurrir cada vez que debas enfrentar lo insoportable.

¡Esto es la vida! ¡Acabas de nacer, maldito Demente!

ESCALERA PARA UN SUEÑO

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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En esta burbuja en la que habito, siempre sobran cosas. Hay en demasía pues yo mismo las creo, ya que inventé este santuario para que nunca escasee nada. Sólo una vez fue profanada debido a mi incapacidad de fabricar amor, entonces opté por traerlo del exterior. Quien vino transportándolo, tenía las manos vacías. No tenía alforjas, sus bolsillos no contenían nada, sólo poseía algo que jamás había visto, algo que yo desconocía: una dulce sonrisa que me ofreció y recibí gustoso, asombrado además… nunca había visto una sonrisa que aflore desde el alma e irradie a quien se aproxime a ella. La extraña propietaria de la sonrisa, me imploró:-Nunca dejes que mi sonrisa se borre puesto que el amor soy yo… y si el amor deja de sonreír, llora… y si llora, fenecerá de dolor…

“Y DIOS HIZO EL AMOR” 

PERDÍ MI LUCIÉRNAGA CELESTE

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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Pasaron días, pasaron noches; hubo días soleados, pero más de los otros… sin embargo, la luz no pronunció palabra alguna. Hay veces en que las lágrimas son desplazadas por la razón, entonces es el momento de virar el rumbo y buscar esa misma voz, pero en otros labios.

ESCOGE EL PAISAJE PARA TU EQUIPAJE

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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Caja que encierra, caja que asfixia… caja que atrapa.

Caja de lamentos, caja fétida… caja de repulsiones.

Caja pequeña, como confortable ataúd de convicciones.

Caja negra que se contrae y reduce estrechando tu espacio.

Caja que puedes desechar para recuperar viento y tiempo.

-¡Sal de allí! ¡Saca tu esencia del sepulcro, cuentero!

Afuera hay un alma corriendo entre lobos ¿No piensas darle alcance?

No quiero echar tierra sobre tu fosa, quiero verte salir trotando.

Esta pala la usaremos para construir un puente hacia el Oeste… no para enterrar tus sueños-.

(Pieza única. Año 2011. Medidas: 80 X 53 cms. Precio $.600 dólares americanos)

ULTIMO PARADERO A LA DERIVA

Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía.

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Niño, niña, duende o lo que fuere, no se separaba de mí. Si caminaba, esa cosa caminaba. Si me detenía, esa cosa se detenía. Esa enorme boca que ocupaba casi la totalidad de lo que sería su rostro me preocupaba… me inquietaba…pero no había otra cosa con vida en la solitaria carretera, y me fui acostumbrando a su compañía.

El cielo, el piso y la carretera tenían coloraciones grises verdosas, aunque cada cierto tramo se veía el tenue resplandor amarillento de unas iluminaciones provenientes de la nada. El paisaje era agobiante. A lo lejos vi que algo raudo venía por la carretera. Cuando llegó hasta mi ubicación pude ver que era una pequeña caja de madera, como una pequeña tina. Subí a ella y me senté con las rodillas recogidas. El pequeño monstruo también subió, se puso a mis espaldas, de pie y cogido de mis hombros.

Moviendo mis caderas de atrás para adelante repetidas veces, logré poner en movimiento mi caja móvil. La carretera en pendiente hizo el resto y la aceleración fue en aumento. Ahora íbamos a gran velocidad, deslizándonos como por un tobogán, hasta que un foso se cruzó en nuestro camino y caímos aparatosamente en él. Me puse de pie y me estaba sacudiendo el trasero, cuando vi que un tipo sentado en un borde del foso nos observaba.

Intrigado por su presencia, me quedé observando. Entonces, ante mis ojos se duplicó. La réplica de aquel inesperado personaje saltó hacia el foso y vino hacia mí amenazante. Me puse en guardia, medí las distancias y cuando lo creí conveniente, salte sobre él, derribándolo. Me senté sobre su pecho e intenté ahorcarlo, pero el replicado se echó a reír a carcajadas, ignorando mis esfuerzos por asfixiarlo. De pronto todo se iluminó. Volteé hacia el lugar de donde provenía la luz. Ante mis ojos había una multitud, sentados frente a una mesa repleta de bebidas, carnes y potajes que la muchedumbre empezó a engullir. Conforme iban comiendo, se transformaban en bestias cada vez más repugnantes que tragaban y babeaban embarrándose en saliva y desperdicios de comida y bebida. Y en medio, abrazados, el tipo que se replicó y el monstruito de amplia boca que me acompañó hasta allí, reían a carcajadas.

Sentí pánico y quise salir corriendo de aquel lugar, pero cuando me dispuse a correr descubrí que todas las vías eran un enmarañado de toboganes, como si fueran venas y arterias de una gigantesca bestia. A partir de ese día no he vuelto a dormir al filo de mi cama. Me acuesto al centro para no volver a caer a la verdosa carretera.

(Pieza única. Año 2012. Medidas: 80 X 53 cms. Precio $.600 dólares americanos)