FESTIN MANICOMIAL

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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Al oír la oración de aquella niña, le di la espalda. Ahora mi sombra se proyectaba inmensa, tan larga como el camino que debía recorrer sin ella. Si hubo lágrimas del otro lado, no lo sé… pero de este lado hubo sudores fríos.

Han pasado mil vientos y ahora, nuevamente, la tengo frente a mí, quizás con las lágrimas de ayer… no lo sé. Pero si sé de los mismos sudores fríos que ni sombra tuvieron aquel día.

Roza mi espalda. Quiero pensar que hay lágrimas del otro lado y que se mezclan con los sudores fríos de hoy…

EL CANDOR DEL ESPEJO QUE FINGE

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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Llevas mucho tiempo sentado en la copa de ese árbol. Naciste allí, pero debes bajar ¿O crees que observar el andar de las hormigas hará crecer tus alas de Arq-ángel?

Te traje un libro y este par de sandalias. Ambos tienen magia: El libro te dará luz y las sandalias proveerán de estabilidad a tus pasos. Con estas dos cosas no necesitarás más nada. Todo lo necesario para emprender tu rumbo como sembrador de conciencias está dentro de ti.

Ignora a tu co-herencia, ella siempre te dictará: “¡Lo que debes olvidar, debes recordarlo cada día para saber lo que debes dejar en el olvido; no sea que por equivocación termines olvidando algo que no debes!”… Y con esos argumentos te hará prisionero de tus fobias, culpas y remordimientos.

Yo No te necesito co-herente. Te necesito sabio; te necesito niño… Te necesito jugando a construir Ángel arquitecto.

BABYLON

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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Si yo saqué dos seis…

¿Porqué, como pago por deuda del juego de dados, aquel babeante imbécil, cuyo nombre es Baal, apenas si me había cedido un rústico banquito de madera? … Me ató de manos, y ahora sentado en este armatoste, en lo alto de la colina, día y noche, quieto cual milenaria roca, sólo me queda observar tu cuerpo reflejado en el agua, mientras los insaciables faunos no cesan de manosear y besuquear la turgencia de tus senos, tus nalgas, caderas y muslos ¡Maldito Baal que me condenó por un milenio más dos años a mirar fijamente tus flirteos incesantes! ¡Estúpido tramposo! ¡Si yo gané en buena lid! ¡La recompensa debió ser tocarte!… ¡Yo saqué dos seis por ti!

He intentado gritar mis quejas y desventuras, pero no pude hallar mi boca, y cuando intenté llorar, no tenía ojos, sólo dos cuencas dirigidas fijamente a ti… a tu figura reflejada en el agua.

ANGIOLINE VAGA ENTRE MIS SUEÑOS

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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Hay seres humanos que trazan a su rededor un círculo tan pequeño, que apenas caben ellos, y así se pasan la vida: atendiendo exclusivamente sus propias necesidades. Los hay otros que trazan a su alrededor un círculo más grande donde puede caber su familia, y los acoge. También están los que amplían el trazo de sus círculos para poder agregar a sus amigos. Mas hay algunos, que trazan a su rededor un universo… y esos… se brindan al mundo sin reparos. Lamentablemente, son tan pocos, que muchos nos iremos de aquí sin haber podido siquiera, ver a uno de ellos.

LA BATALLA DE LOS ARLEQUINES (Tríptico)

Ilustraciones y prosa de Oswaldo Mejía

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-RECUERDA LA MONEDA BAJO TU LENGUA

Vienes desde muy lejos Likaón, de lugares que no recuerdas. Fuiste engendrado como luz; la luminosidad es tu naturaleza, por eso aúllas a la luna en medio de la noche, por ello temes ver la agonía del Sol, pero ahora me necesitas. Soy el ángel que viene por ti. Soy quien siempre estuvo a tu lado: fiel, leal, inseparable. Soy el ángel oscuro de tus pesadillas. Soy quien trae agujas y dagas para traspasar y agujerear tu cuerpecillo. Soy el ángel que merodea tu alma y «Tu aquí”. Soy quien se queda mientras otras alas huyen de tus manos. Soy la sombra velando tus desdichas. Soy quien motiva las mentiras con que fabricas tu autosugestión.

Desde el inicio de los tiempos, cada paso que emprendiste se deslizó solo, huérfano, sin tibieza; sin siquiera levantar polvareda. Cada paso dado fue un destierro desprovisto de conocimiento, sin saber de dónde venías, ignorante del final de tu camino ¿Para qué levantar la mirada si al frente la nada es lo constante? Ni siquiera tienes la sensibilidad que amerita el abandono. Sólo se le puede quitar algo a quien algo tiene, pero… ¿A ti? ¿De qué se te puede despojar si nada te pertenece? Tenemos una cita impostergable. Te estoy aguardando…¿Trajiste lo que te pedí?

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-EL PROFETA Y LA LETRA VANA

-Que la niña no cese de tañer su laúd, que no deje de cantar, porque esas melodías también hablan de mí.

**¿Estás convencido que es el réquiem apropiado para despedirte? ¿Quieres irte oyendo su canción? ¿Para qué levantarías la mirada si las visiones de este mundo ya no son tuyas? Tú te estas yendo. Culmina tu última danza, Likaón. Tus piernas están flaqueando, tus brazos y manos se debilitan. Tu mirada se nubla; caes de rodillas y lloras en silencio.

-Que la niña no cese de tañer su laúd, que no deje de cantar, porque esas melodías también hablan de mí.

**Soy el único testigo de tu agonía, lobo errabundo. “Quien no ve, no quiere; y quien no quiere, no puede ver” .Aquí estoy. Yo sí quiero y puedo verte. Quiero presenciar tu caída y regocijarme con tu resurrección. “Nadie puede arrebatarte lo que jamás tuviste” Todo fue un sueño ajeno que por piedad te concedí. Toma mi mano y déjate llevar.

-Que la niña no cese de tañer su laúd, que no deje de cantar, porque esas melodías también hablan de mí.

**Eres un estúpido, Likaón. Te ofrezco el matadero, una palpable solución, pero te aferras a una nana de quimeras acunando tu entelequia. 

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-YO REZO, YO TAMPOCO

Si muero, descansaré de esta existencia que me duele. Me iré sin haber defraudado al ángel. Él revoloteará entre mis cabellos y mi mente al partir. Lo sé…Si me sumo en la demencia, aunque se partan los baúles de mis demonios, no me enteraré. Serán mis torturantes quienes carguen el despojo de ese que alguna vez fui. Acaso, yo ría a carcajadas. Más, si recupero mi espada y armadura, vendré a luchar por ese ayer negado; abrazaré a los portadores de tibieza y correré sonriente en sentido contrario al viento. Cuando baje a los infiernos, lo haré rememorando al duende que reptaba sobre mi hombro cual oruga, alumbrando mi camino a seguir ¡Voy por ti,  Lucifer! ¡Suelta a tu jauría, que al final me ocuparé de ti!

RUMOR BOHEMIO

Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía

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Artifex levantó la mirada hasta donde se lo permitió el techo del incomodo cubículo en el que había permanecido en posición de cuclillas desde cuando su memoria podía recordar. Sus piernas estaban entumecidas, y en sí, todo su cuerpo se mostraba débil, más su mente pugnaba por evacuar lo que durante todo ese tiempo había almacenado. Ahora estaba lleno de ansias y eso le dio la suficiente fuerza para, de un tirón, fragmentar la cadena que lo hubo mantenido cautivo en ese sucio, asfixiante y oscuro rincón.

A gatas y a tientas, Artifex se deslizó por el estrecho pasadizo hasta llegar a la entrada ¡Qué hermosa se veía la luz de la luna colándose por entre los barrotes que sellaban la entrada! Sus manos acariciaron una a una las barras de hierro, como si se tratara de un ritual, hasta que de pronto, omitiendo su debilidad, tensó sus músculos y tendones y de un empujón derribó la reja.

Afuera hacía frío, pero aun así se le antojaba delicioso. El aire era una caricia para su piel, y la visión de la aldea que se cobijaba metros abajo, en las faldas de la montaña, lo hacían sentirse cómplice de la noche y el viento. Ese preciso instante, era el momento para extraer las ideas que durante la pasada eternidad se agolparon en su mente. Lo que abundaba en su entorno eran rocas y Artifex empezó a acarrear rocas, apIlándolas con el frenesí y  la prolijidad que había conservado para la ocasión que en todo momento supo esperar.

Cuando creyó haber concluido con su obra, se detuvo a observar la estructura que sus manos, en sociedad con su creatividad y sus ímpetus, acababan de parir. Así estuvo durante muchas horas, contemplando y dialogando con su flamante creación casi en un susurro, como si temiera que el sonido pudiera echar abajo.

Las sombras nocturnas principiaban la huida dando paso al amanecer, cuando Artifex se dio un mordisco en el dedo índice de su mano derecha, haciéndole sangrar profusamente. Con el dedo bañado en sangre y cual si fuese un pincel, Artifex trazó con su propia sangre la palabra “ARTE” en una de las rocas centrales de la estructura pétrea, luego se sentó a un costado a esperar que la gente de la aldea iniciara las faenas del día.

Cuando los aldeanos salieron de sus casuchas, no tardaron en notar las piedras que Artifex había apilado con tanto esmero, corriendo la voz a los rezagados que, ante el barullo, iban prorrumpiendo somnolientos, pero curiosos.

El corazón de Artifex latía a mil pulsaciones por hora, amenazando con desbocársele, producto dela ansiedad. La primera reacción de la muchedumbre fue el silencio, hasta que alguien soltó una risotada. A continuación, las risas de todos los presentes se unieron grotescamente, burlándose de Artifex y su obra.

Artifex no lloró aunque ganas no le faltaban. Confundido y descorazonado, se encaminó a la entrada de la gruta, se agacho para deslizarse al interior, y así, arrastrándose, retornó al lugar donde estuvo cautivo tanto tiempo…

Jamás, nadie, volvió a saber nada de él…

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(Dedicado a todos los artistas del mundo)

VIENTO, POLVO…Y TU NOMBRE

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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Bienvenidos a este universo delirante donde podemos jugar a ser pequeños semidioses y, con una poca dosis de demencia, crear juntos esos munditos fantásticos en nuestro subconsciente, para retozar entre ellos, mientras  hurgamos un poco cómo somos allá adentro…

OBSEQUIO PARA JULIUS

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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Cual si fuera un ritual, llevaba varias horas peinando su larguísima melena color azabache. Era una sensación en extremo excitante y placentera. Ahora sus cabellos impresos de sedocidad caían sobre sus espaldas y senos desnudos, haciéndole sentirse acariciada, seducida; poseída por un gozo con ribetes masturbatorios. Estimulada por esos roces, empezó a girar su cabeza en sentido horario, cada vez con más frenesí. Sus manos ansiosas no tardaron en empezar el toqueteo de sus turgencias, ampliando su auto satisfacción… hasta que sus labios exhalaron un ¡Oh! Largo y profundo. Se puso de pie, recogió su cabellera en una larga cola, más no la ató a su nuca, sino a su frente, dejándola caer cubriendo su rostro y parte de su pecho.

Así, a ciegas, se dirigió hacia el umbral. Afuera aguardaba una silenciosa multitud de seres con cabeza de equino. Cada uno de ellos portaba colgada al cuello una larga y almidonada corbata color rosado, que contrastaba con sus desnudas pieles en tonos verdes. La ninfa caminó entre ellos, a través de la improvisada pasarela, con la cabeza gacha y lo más recondito de su humanidad expuesta. Sólo llevaba cubiertos, el rostro con su cabellera atada por encima de su frente, y sus piececillos con unos altos tacones, también color azabache.

Los cabeza de equino, con los ojos y boca desmesuradamente abiertos, y babeando de lujuria, siguieron con la mirada el paso bamboleante de sus carnes.

Aquella noche la ninfa se sintió Reina, pero a la vez, se sintió la más sucia bajo el cielo…