ESCALERA PARA UN SUEÑO

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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En esta burbuja en la que habito, siempre sobran cosas. Hay en demasía pues yo mismo las creo, ya que inventé este santuario para que nunca escasee nada. Sólo una vez fue profanada debido a mi incapacidad de fabricar amor, entonces opté por traerlo del exterior. Quien vino transportándolo, tenía las manos vacías. No tenía alforjas, sus bolsillos no contenían nada, sólo poseía algo que jamás había visto, algo que yo desconocía: una dulce sonrisa que me ofreció y recibí gustoso, asombrado además… nunca había visto una sonrisa que aflore desde el alma e irradie a quien se aproxime a ella. La extraña propietaria de la sonrisa, me imploró:-Nunca dejes que mi sonrisa se borre puesto que el amor soy yo… y si el amor deja de sonreír, llora… y si llora, fenecerá de dolor…

“Y DIOS HIZO EL AMOR” 

ULTIMO PARADERO A LA DERIVA

Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía.

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Niño, niña, duende o lo que fuere, no se separaba de mí. Si caminaba, esa cosa caminaba. Si me detenía, esa cosa se detenía. Esa enorme boca que ocupaba casi la totalidad de lo que sería su rostro me preocupaba… me inquietaba…pero no había otra cosa con vida en la solitaria carretera, y me fui acostumbrando a su compañía.

El cielo, el piso y la carretera tenían coloraciones grises verdosas, aunque cada cierto tramo se veía el tenue resplandor amarillento de unas iluminaciones provenientes de la nada. El paisaje era agobiante. A lo lejos vi que algo raudo venía por la carretera. Cuando llegó hasta mi ubicación pude ver que era una pequeña caja de madera, como una pequeña tina. Subí a ella y me senté con las rodillas recogidas. El pequeño monstruo también subió, se puso a mis espaldas, de pie y cogido de mis hombros.

Moviendo mis caderas de atrás para adelante repetidas veces, logré poner en movimiento mi caja móvil. La carretera en pendiente hizo el resto y la aceleración fue en aumento. Ahora íbamos a gran velocidad, deslizándonos como por un tobogán, hasta que un foso se cruzó en nuestro camino y caímos aparatosamente en él. Me puse de pie y me estaba sacudiendo el trasero, cuando vi que un tipo sentado en un borde del foso nos observaba.

Intrigado por su presencia, me quedé observando. Entonces, ante mis ojos se duplicó. La réplica de aquel inesperado personaje saltó hacia el foso y vino hacia mí amenazante. Me puse en guardia, medí las distancias y cuando lo creí conveniente, salte sobre él, derribándolo. Me senté sobre su pecho e intenté ahorcarlo, pero el replicado se echó a reír a carcajadas, ignorando mis esfuerzos por asfixiarlo. De pronto todo se iluminó. Volteé hacia el lugar de donde provenía la luz. Ante mis ojos había una multitud, sentados frente a una mesa repleta de bebidas, carnes y potajes que la muchedumbre empezó a engullir. Conforme iban comiendo, se transformaban en bestias cada vez más repugnantes que tragaban y babeaban embarrándose en saliva y desperdicios de comida y bebida. Y en medio, abrazados, el tipo que se replicó y el monstruito de amplia boca que me acompañó hasta allí, reían a carcajadas.

Sentí pánico y quise salir corriendo de aquel lugar, pero cuando me dispuse a correr descubrí que todas las vías eran un enmarañado de toboganes, como si fueran venas y arterias de una gigantesca bestia. A partir de ese día no he vuelto a dormir al filo de mi cama. Me acuesto al centro para no volver a caer a la verdosa carretera.

(Pieza única. Año 2012. Medidas: 80 X 53 cms. Precio $.600 dólares americanos)

SEMILLA DE DIOSES

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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Vinieron desde allá. Cuando llegaron, andábamos en cuatro patas y éramos “Un proyecto de Plenitud”. Ellos irguieron nuestros cuerpos, inquietaron nuestras almas, nos deslumbraron con el libre albedrio; mas, rebajaron nuestra esencia a “Un proyecto de felicidad. Ellos sembraron en nuestras mentes el temor a la muerte.

¿Sabes por qué, cuando andábamos a cuatro patas no rezábamos plegarias?… ¡Porque no temíamos morir! …Sentíamos dolor, pero jamás presagiábamos nuestra muerte.

Ellos metieron sus dedos en nuestras bocas y nos hicieron probar de la ilusoria utopía llamada felicidad. A partir de ello vivimos buscando alcanzarla, sin conseguirlo jamás; pues la felicidad es inexistente. Sólo es un coqueteo, una sonrisa superficial.

Vinieron desde allá, dejando a su paso una estela de mundos depredados y colapsados, y hoy están aquí culminando la depredación del nuestro, mientras esperan el colapso para huir en busca de otros horizontes

¡Quiero volver a mi andar en cuatro patas! ¡Quiero retornar mi esencia a “Un proyecto de plenitud! ¡Quiero hallar al Dios verdadero dentro de mí…! …Porque lo intuyo…Porque tiene lógica: Si somos hijos de Dioses, pues tenemos sangre divina… ¡¡Entonces también somos Dioses!!

LAGRIMAS EN LA TACITA DE TE

Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía.

Cap. 17 del libro “Delirios del Lirio”

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Mientras escuchaba los ruidos parecidos a voces, que provenían del exterior, hurgaba en su mente buscando una reminiscencia, una evocación; algún rezago de un pasado… mas no los hallaba. En sus mil vidas, incontables veces pasó por estos extravíos, pero cada vida trae sus propias luces y sus propias oscuridades. Sólo una orfandad de recuerdos, copaba su raciocinio.

Cuando despertó a esta realidad, ya estaba aquí, atrapado dentro de esta jaula que pende de esa rechinante cadena venida desde allá arriba. Allá, donde su vista no alcanza a distinguir nada, pues la oscuridad es más densa y todo lo devora con cada centímetro de lejanía.

-¿Cómo  es que llegué aquí? ¿Qué es este lugar dónde estoy? ¡¿Dónde, dónde?! ¿Cuánto tiempo llevo en esta jaula? ¿Qué le sucedió a mi cuerpo? ¡No! ¡Esto no es más que una pavorosa alucinación!… No soy yo ¡No, este monstruo de osamenta cubierta con filosas escamas color verde! ¿Por qué habría de adoptar la forma de un nauseabundo reptil con alas? ¡Alas! Tengo alas…¡¡Grandes alas!! Pero…  ¿Para qué me sirven dentro de esta jaula? ¡Esta pesadilla es real! Y si es real,  quizás tenga el poder de volar sobre… ¿Sobre qué? Me resultan extraños estos parajes ¿Y la jaula? ¿Por qué estoy aquí, por qué? Tengo las piernas entumecidas. Debo llevar una eternidad en esta incómoda posición de cuclillas… pero esta maldita jaula no me permite variar mi penosa postura. Los barrotes aprietan mis alas contra mi tórax. Me resulta difícil respirar. ¡Ruidos extraños y el pánico que no cesan de martillar mi cerebro! ¡Esto debe ser el infierno! ¿Pero qué culpas o pecados estoy expiando? ¿O es que, simplemente, me volví loco? …Además del pánico que me provoca estar pendiendo en el vacío desde esta altura. No quiero mirar hacia abajo, el piso está tan lejos…-

Muy por encima de aquella casi total oscuridad, una débil luminosidad penetra hiriendo con tenues destellos algunas aristas de las paredes y los escalones empedrados de una larguísima escalera. Es una luz muy tímida, casi imperceptible, y de color gélido: pero es suficiente para copar la atención de un confinado. Se le hace sumamente atractiva. Huele a esas esperanzas que se anidan en la razón como una  delirante obsesión.

-Debo alcanzarla. Estos barrotes de acero no me lo impedirán… Dios mío, permite que mis debilitadas manos fuercen los hierros que me recluyen en este aislamiento  desesperante y cruel.

 ¡Ahhhhhhhh! Sí puedo, sí puedo ¡Ahhhhhhh…Ahhhhhhhhhh…Ahhhhhhh! ¡Sí, lo voy a lograr! …Esto está cediendo…

Los barrotes se rindieron a sus ansias de libertad. Aunque a duras penas pudo deslizar hacia afuera la poca maniobrable envergadura de sus alas, pero ya estaba afuera.

Evitando mirar hacia abajo para no ser presa del vértigo y el pánico, empezó a descender por la cadena, ansioso por alcanzar el piso.

La cadena chirriaba incesante; las manos le ardían por la fricción. No desvió para nada su mirada hacia abajo, mas sus cálculos le iban indicando que ya faltaba poco…

-¡El extraño intenta huir! ¡No lo dejen escapar!

¡Atrapadle! ¡ Atrapadleeeeeeeeeeeeeeee!

No pudiendo localizar de quienes, ni de donde provenían las voces, sólo atinó a soltarse, cayendo y estrellándose pesadamente contra el empedrado del piso. No era el momento para atender dolencias. De un brinco se puso de píe, y emprendió veloz carrera hacia el rincón por donde había visto que ingresaba la mortecina lucecita, pero que su instinto se la pintaba como una gran esperanza de salida.

-¿Quién grita? ¿Quiénes son esos que vienen hacia mí? ¡Debo darme prisa! No les veo, pero puedo oír sus respiraciones y sus pasos apresurados acercándose. Debo alcanzar esa luz. ¡Ah, maravillosa luz que alimenta la claridad! No importa a dónde me conduzcas mientras me saques de esta cerrazón…Hacia ti voy… 

-¡Centinelas! No dejen escapar al extraño, va hacia las escaleras ¡Deténganlo!

Conforme avanzaba hacia su objetivo, es paso iba estrechándose más y más…

-Me ahogo… ¡Dios mío, no consigo respirar!… Mis alas golpean contra las filosas salientes y aristas de las paredes. Me duele… ¡Duele mucho!

Trozos y jirones de carne ensangrentada le son arrancados en cada roce, quedando estos pegados a los muros, como señal de su apresurado paso.

 -¡Duele… duele mucho!… Pero no debo renunciar ¡No lo haré! No importa que mis alas se quiebren, no importa el fuego quemando mis carnes heridas, no importa lo que de mi quede en el camino …Debo concentrarme en la luz ¡Sigue, sigue!  Ya falta poco… Unos cuantos metros más… … ¡Vamos, vamos!

La luz crece en tamaño e intensidad. Ella es la esperanza, y está tan cerca

-¡Centinelaaaaas! ¡El extraño está subiendo por las escaleras! ¡Atrapadleeeeeeeeeeee, que no alcance la ventana!

¡Inútiles! ¡Usen los arcos y flechas!

Correr, correr y saltar al vacío… ¡Ahora! ¡Ahoraaaaaaaaaaaa!

Está parado sobre la base del marco de la ventana, frente al vacío, paralizado; deleitándose con el aire fresco que penetra por sus pituitarias invadiendo su ser, cuando siente las manos de sus perseguidores rozándole los tobillos, entonces salta…

-¡Diosssssssssssss, noooooooooooooo! ¡Mis alas no me obedecen! ¡Me voy a estrellar! ¡Debo aletear con más fuerzaaaaaaaaa! ¡Eso, eso! Lo estoy logrando…

Rapidamente, aunque sus alas se manifiestan torpes, van estabilizando su caída hasta convertirla en flotación.

-¡Quince monedas al arquero que lo derribe! ¡ Yaaaaaaaaaaaa!

-¡Lo logré! Estoy volando, puedo planear… maravillosa sensación… ¡Soy un ángel! ¡Sí, eso soy!

-¡Disparen malditos! ¿O quieren probar de mi ira?

-¡Oh, Noooooooo! Ajjjjjjjjj  ¿Qué es esto que me quema el pecho? ¡Maldición!  Me han da…do… Ahhhhhhhhhhh…

La caída libre. El cuerpo precipitándose en tirabuzón, y la desesperante sensación de las vísceras apretando el pecho y amenazando con salír expelidas por la boca. Crispa los dedos de las manos en un vano intento por sujetarse a algo…

-¡Está cayendo el extraño! ¡Le di en medio del pecho!

Je je je… Menudo porrazo que se ha dado.

Lo último que sintió, fue el sabor salado del fango, mezclado con su sangre, cubriéndole la lengua e invadiéndole la boca toda…

-Lo que tenías que pasar ya concluyó.

-Pero… ¿Quién eres? ¿Dónde estoy? ¿Cómo llegué aquí? Lo último que recuerdo, es retorciéndome en el lodo… y luego, como me fui sumergiendo en la oscuridad.

*-Soy Magdalena… Eva; la mujer de los mil rostros, y los mil nombres, que siempre estuvo a tu lado desde tus sueños. Soy quien venía a tus fantasías, con las alas blancas que pintaste para mí, y con estas ojeras color promesa que fueron tu inspiración durante tus mil vidas.

Yo rescaté tu cuerpo del fango Arq-ángel. Fui enviada para cuidarte y proteger tu misión, aunque en ello se fuera mi propia vida… Ahora debo irme, tengo una deuda que saldar. Esa Señora de túnica que ves allá, reclama por mi…

Yo soy el precio por el que ella te ha dejado vivir. Ese fue el trato y debo cumplir…¡Adios!

-¡Nooooooooooooooooooooooo!

MI PECADO ES TU AROMA

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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Cuarenta veces soplaron las trompetas del sur, y sólo quedaba esperar que manara miel de las rocas. Fascinados los amantes arañan sus ropas, las van rasgando ante la estúpida ventanita cuyo único signo vital es su imprudencia. Mientras, el sofocante bochorno hace lo suyo derritiendo los ávidos cuerpos; cuatro muslos empapados de urgencia; cuerpos toqueteándose, queriendo aliviar el peso de sus entrañas; invadir y ser invadido, entregar dádivas y recibir bendiciones.

-¿Acaso es tan interesante la luz?

Dejémoslos que hablen; nunca verán cuánto se iluminan los cielos ante los brotes del convexo, jamás imaginarán el perfume del cóncavo, únicamente habrá la sospecha de que ambos levitaron mientras las trompetas del sur soplaban cuarenta veces.

MELODY ZEPP

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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La vez anterior, vino emergiendo de entre la oscuridad, con una apariencia de dulce anciana. Entre sus manos traía algo que despedía una tenue luminosidad verduzca, la cual se colaba por los resquicios de entre sus dedos. Entonces me hablo: -¡Aquí tengo lo tuyo!- Luego empezó a retroceder a la vez que se desvanecía. Se fue así como vino, con pasos de viento…

Anoche fui nuevamente a su encuentro, pero esta vez me asaltaron las dudas… y las dudas no son valederas para un guerrero en batalla. Ya estaba ella dentro de mí; y me acarició, y alimentó mi desbordada fantasía con visiones traídas de otros planos, mas las dudas persistían en martillar mi razón…

Y entonces se desató mi tortura. Los demonios fueron liberados; los vi y los sentí danzando a mi rededor. Aguijoneaban mi cuerpo y mordisqueaban mi alma intoxicándome con angustias y pánicos que creí superados. Quise pararme y gritar, implorar por ayuda, correr, huir; o mejor morir en ese instante y aliviarme del suplicio…Pero me mantuve sentado. Soy lobo, soy devorador de pánicos, pero también soy humano y sé pedir perdón… El lobo estaba orando mientras vomitaba y lloraba sin cesar. Vi materializarse a la carrera, a una horrible niña viniendo hacia mí, chillando y amenazándome con un largo objeto punzante, mas cuando me lo iba a clavar, se desvaneció.

-¡Abre la boca! ¡No aspires, sólo mantén abierta la boca!-

Me introdujeron una cerbatana en una de las fosas nasales y por ella me soplaron un polvo burbujeante, invasivo y desesperante, pero con sabor esclarecedor, luego repitieron la acción en la otra fosa nasal. Antes de irme pusieron en mi mano derecha una papa, aún con la tierra de cultivo impregnada en su cascara, y me dijeron: -¡Camina. Allí viene tu paz!-

Ustedes también son buscadores, por ello intuyen de qué estoy hablando…

LUNA DE HIEL EN EL MARAJO

Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía

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Desde tiempos inmemorables había estado allí. Al amparo de su sombra fue que el ánima del viejo Enrique, entre humaredas de hashish se les apareció a ese par de niños locos para entre risas anunciarles la muerte de la madre de Tawapara. Fue bajo su follaje, que Vicentico se ocultó para vestirse con aquel ridículo disfraz de lagarto, que llevaría por el resto de su vida mientras peregrinaba por el mundo repartiendo sus caramelos envenenados de fantasía. Fue de entre sus ramas que, en los albores de la humanidad, descendió el primer par de amantes que interactuó con los venidos de las estrellas. Muchos de los acontecimientos más relevantes de esta comarca triste y fantasmal, se gestaron al pie de este árbol milenario, ahora sin hojas y sin sombra que proyectar.

Un día, proveniente de algún sueño afiebrado, a los pies del viejo roble, se materializó un iluminado; mezcla de druida, orate, mago y artista. Tenía una encantadora sonrisa y la mirada estúpida, pero limpia, como la mirada de aquellos seres incapaces de entender lo más elemental.

El viejo árbol pareció contagiarse de la alegría que irradiaba el recién llegado, e inexplicablemente empezó a coparse con el verdor de renovadas y lustrosas hojas.

Una creciente multitud de curiosos ávidos de creer en algo, fueron agolpándose alrededor del roble para ver su milagroso reverdecer y observar de cerca al iluminado, quien con su saliva iba tejiendo unas tupidas esterillas, que luego de secarlas al sol, usaba para garabatear en ellas, símbolos y figuras extrañas. Como tinta utilizaba una mezcla de sus propias lágrimas y tierra, aplicándola con su dedo índice derecho.

Nadie se iba del lugar sin llevar, aunque sea uno de los peculiares lienzos garabateados que el recién llegado obsequiaba con entusiasmo, sembrando con ello más y más sonrisas entre los asistentes. Especialmente las mujeres estaban auto-convencidas que aquellos símbolos tenían poderes curativos contra los males de amor y las heridas del alma. La comarca en pleno ahora rebosaba de alegría, contagiada por el brillo del recién materializado. Muchos se acercaban para tocarlo y untarse los dedos de las manos con su sudor.

El iluminado jamás descansaba, nunca dormía… tampoco se alimentaba. De sus espaldas había brotado algo parecido a raíces que se adhirieron al milenario roble; al parecer de esa manera parasitaba la energía vital del árbol.

Una mañana, todo varió. La multitud arremolinada ante el viejo árbol había desviado su atención hacia la repentina aparición de una hermosa mujer de piel color turquesa que, con total desparpajo se exhibía desnuda, mientras gruñía amenazante a quien intentara acercarse al iluminado. Esta agresiva manera de reclamar exclusividad dio sus frutos. Entonces, ya nadie pudo acercarse… Ya nadie pudo tocarlo, ni tampoco recibir de sus manos las esterillas garabateadas.

Poco a poco la multitud fue perdiendo el interés, hasta ignorar por completo al viejo roble, al iluminado y a la agresiva mujer con piel color turquesa. Ella sonreía satisfecha al ver logrado su egoísta objetivo, mas el iluminado no cesó de llorar por cuarenta y dos días con sus respectivas noches.

La comarca volvió a sumirse en su triste y fantasmal aspecto. La ilusión del iluminado que repartía sonrisas y alegría se había esfumado…

Al cabo de las seis semanas, el iluminado arrancó con sus manos los apéndices con forma de raíces, que lo conectaban al roble, y tal como vino, se fue en silencio.

El milenario árbol perdió sus hojas y paulatinamente fue secándose hasta convertirse en un leño inerte.

Inútil resultarían las caricias y lágrimas incontenibles con que la mujer de piel color turquesa, desesperadamente lo regaba intentando reverdecer lo ya concluido.

“Hay destinos que jamás debieran cruzarse, aunque la vida parezca permitirlo”

SE HAN AGOTADO LAS ALAS PARA ANGELES

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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Te necesito…

Sin importar quién eres;

Basta con que seas capaz de edificar un sueño.

¿Sabes? Ya no estaré triste.

Volví a escuchar la más dulce y deliciosa mentira:

“De aquí, hasta la eternidad”.

Sólo vine por un instante a mirar tu figura.

Y me diste más…

…La promesa de una vida lamiendo tu piel,

Y con esa ilusión, podré vivir la eternidad de este día.

ITINERARIO PARA OLVIDAR

Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía

Cap. 6 del libro “Delirios del Lirio”

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Amigo mío,  el gran teatro del día acabó hace varias horas. El Sol se desangró y su luz ha huido, apenas si puedo distinguir tu rostro color azul. Tengo sueño y deseo recostarme entre esas piedras… mientras duermo, ellas quizás se animen a contarme de dónde vengo.

¡Amigo mío, despierta! ¿Quieres soñar lo mismo que estoy soñando?

¿Ves aquellas luces hiriendo la negrura de esta noche que se me antoja como antesala de malos presagios? ¿Ves aquella nave que acaba de descender?  Está cargada de jaulas que contienen seres muy tristes. No alcanzo a verlos con nitidez, pero calculo varios centenares de ellos. Su tristeza es tan grande que la percibo en el viento, tienen aroma a miedo y desconcierto.

Ahora sí puedo distinguirlos. Están vestidos de blanco y llevan un colgajo rojo pendiendo de sus frentes… ¿Los ves? Los que los arrean son muy diferentes, son los que poseen mandiles amarillos y guantes color naranja. Parecen no tener sentimientos ni remordimientos. No me equivoco, son crueles… Esos huelen a muerte.

¿Qué pensarán hacer con todos aquellos seres tan apenados? Los han separado en grupos, formando filas. Escasamente logro ver sus ojos en los laterales de sus rostros, no los veo claramente pero percibo que en ellos no hay lágrimas, sólo desconcierto, soledad y temor, pero todo lo asumen.

“¡Que estupidez más grande! La vida nunca deja de ser una broma cuyo único objetivo es burlarse de nuestra mísera condición de esqueletos recubiertos de músculos y huesos. Consigues harta y sabrosa comida cuando ya eres un viejo al que los médicos le prohibieron comer salado, dulce ni condimentos; y para rematar, ya no tienes dientes. Si hasta logras tener éxito luego que mueren tus padres y entonces no hay nadie detrás de ti que pueda sentirse orgulloso de tu triunfo… Quisiera reírme pero no puedo, esto duele.”

Perdona si me desvié del tema, pero me conoces de sobra; sabes que soy muy desordenado cuando me sumerjo entre los límites de la realidad y la fantasía.

Estoy acompañado de ti, soñando despierto, agazapados frente a un espectáculo de esta magnitud y no podemos compartir la visión pues no eres más que un osito de peluche azul al que se le cayeron los botones que fungían de ojitos pero bueno, aunque no puedas ver nada, al menos puedo invitarte a  acompañarme a mi sueño… o a mi pesadilla.

¡Dios mío! Los arreadores, los de mandiles amarillos y guantes color naranja están aporreándoles en la cabeza a los seres tristes de la primera fila. Uno a uno va cayendo, abatidos por los certeros golpes que esos desgraciados descargan sobre su nuca.

 ¡Esto es horrible! Muchos sangran profusamente por la nariz y la boca, retorciéndose en interminables estertores; creo que algunos han defecado pues sus traseros, repentinamente aparecen manchados de una viscosidad gris verdusca.¡

Esto es una barbarie! Mientras sus cuerpos son arrojados en ese enorme perol lleno de agua hirviente, aún continúan convulsionando. No sé si pueda soportar permanecer en la expectación de tamaña brutalidad. El agua hirviente disuelve los ropajes blancos de los agonizantes seres tristes y una vez completamente desnudos y muertos, son halados por otro grupo, también de mandiles amarillos y guantes color naranja. Para ello se valen de esos filosos garfios que parecieran ser la prolongación de sus extremidades, por la habilidad con que desarrollan su macabra labor.

¡Maldición!  Están despanzurrándolos a la vez que tragan con avidez sus tripas y vísceras para luego colgar los cadáveres de esas vigas de metal brillante mientras la matanza continua con los de las filas siguientes. Los seres tristes miran todo pero ninguno protesta ni se resiste. Pareciera que todos ellos tuvieran untada en el alma la convicción de que fueron creados con el único propósito de cumplir este designio ¿O es que Dios, o quien sea que los creó, sólo instaló en sus cerebros tristeza y desconcierto y ni una pizca de entendimiento?

¡Amigo mío, creo que los de mandil amarillo y guantes color naranja nos han visto! ¡Están mirando en esta dirección! ¡Están señalando hacia nosotros! ¡Dios, vienen hacia aquí! ¡Nos han visto! ¡Larguémonos!

¡Maldita sea! Estas ramas y el follaje nos impiden alejarnos más de prisa. Los muy desgraciados se mueven muy de prisa. Están cada vez más cerca.

 ¡OH, Dios! ¿En qué momento se me cayó Osito azul? Debo volver por él, tengo mucho miedo pero no puedo dejarlo, es mi inseparable amigo, no puedo dejarlo en manos de esos carniceros.

La enmarañada vegetación me confunde y no logro ubicar la ruta por donde vine. Debo hallar pronto a mi amiguito…

¡OH, no! Pobre Osito… Llegué tarde. Lo encontraron esos asesinos de mandil amarillo y guantes color naranja… También a él lo están despanzurrando y devoran el relleno de sus entrañas. Se le cayeron los botones que tenía por ojitos y sin embargo puedo sentir cómo me mira desde el alma al tiempo que desde su hociquito  me lanza gritos silenciosos pidiéndome que me ponga a salvo -“Vete, huye, mi destino está escrito pero por favor, déjame marchar en paz sabiendo que estás a salvo”-

No sé si fue mi imaginación, mas les juro que vi ese acuoso salitre bajar por sus mejillas. No quería abandonarlo pero tampoco negarme a su pedido. De todos modos, su suerte estaba echada… Hubiera sido inútil intentar rescatarlo.

Corro, corro…corro sin parar. Me están siguiendo esos desalmados asesinos. También deben estar ávidos de mis entrañas, creo que me quieren engullir. No paro de correr, la adrenalina que me genera el pánico me permite marchar incansablemente buscando alejarme de quienes, imagino, me persiguen.

Corro, corro…corro sin parar…

Cuando siento que mi corazón y pulmones amenazan con estallar, voy menguando mi andar, cada vez más lento… más lento… Me pesa el cuerpo, me pesa el alma… Tengo los brazos caídos y arrastro los pies… No puedo respirar…me estoy…ahogando… caigo de rodillas y me llevo las manos a la garganta… Mi conmoción es insoportable… siento una terrible irritación en la garganta… ¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!

Meto los dedos en mi boca y descubro que hay un cuerpo extraño que se extiende desde mi laringe hasta rozarme la lengua. Lo extraigo y… ¡Pero si es una pluma blanca! ¡Está empapada con mi saliva! No comprendo cómo llegó a mi garganta pero ahora me siento mejor, me parece que estoy a salvo a pesar de que la congoja no me abandona… hui dejando morir solo a Osito azul; soy un cobarde… si bien yo le escuché decirme que me fuera, que me pusiera a salvo…no debí hacerlo ¿Qué haré sin mi Osito azul? ¿Cómo continuar el destino convenido si me falta él?

…Vaya; creo que todo fue una pesadilla…

¿Pero dónde está Osito azul?

¿…Y esta pluma blanca…?

RAPSODIA DE MANOS MUDAS

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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“Soy un ARTISTA. Por ello tengo el rol imperativo y la facultad de inventar sueños, inquietar sensibilidades y crear mundos alternativos en las mentes de quienes asisten a la convocatoria de mi propuesta”…

*-¡¿Le vamos a permitir que nos contamine con su magia?!

¿Dejaremos que mordisquee nuestras mentes con sus toxicas fantasías?

¡…Maldito embustero que pretende hacernos creer que puede fabricar universos con papel; con humo…con palabras…!

¿No es más fácil apedrearle y silenciar de una vez por todas, sus predicas sobre humanizar al reptil que llevamos dentro?

¡Él es tan infeliz como nosotros!

…Sólo que el muy desgraciado, mira hacia arriba; y allí encuentra la inspiración para proclamarse “UN DIFERENTE”.