VARADOS EN UNA PESADILLA

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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El filo de la hoja inicia su premeditado recorrido, abriéndose paso entre el ruido de la muchedumbre y el espacio, propiedad del viento. La piel no le detiene, el tejido pulmonar tampoco. Limpiamente, el frío metal se aloja en el mismo centro del corazón, susurrando que su mensaje es el último, que luego de ello no habrá más…

Un ¡OH!, y luego, el dictatorial silencio. El hombre empieza su lenta caída. Desde su cuerpo erguido hasta el suelo, hay una eternidad… Y sí, todos pueden ver al detalle cómo se desploma. Él es una leyenda y las leyendas caen lentamente, pues tras su caída arrastran todo un orden, una filosofía, un modo de interpretar y enfrentar la vida…Está cayendo un ejemplo a seguir.

Cuando su boca abierta, por fin mordió el polvo, miles de manos cubrieron millares de rostros pletóricos de estupor. Ya nada sería igual. Quien trajo el mensaje del fin, puede descansar y gozar la satisfacción de ver su obra cumplida.

“Nunca mates a quien hace la historia, si no eres capaz de continuar escribiéndola tú, o muchas almas quedaran gritando en el vacío”.

MI ESPEJO RIMA AL VACÍO

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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¡Sí! ¡Hoy es un día diferente! Entre la eternidad de días que llevo aquí, todos ellos plagados de desdichas y sabores amargos, el día de hoy es un día diferente; un día muy especial en el que mi resiliencia y terca emotividad parecen colapsar, pues el sentido de la vida pierde todo significado ante el olor a cadáver que despide mi cuerpo, así como la lobreguez de mi alma inútil e incapaz de hallar la llave para abrir esa verja de frío metal, terca cual demarcador del cautiverio que llevo sobre los omóplatos de mi subconsciente.

Y aquí continúo, con los mismos recuerdos, los mismos anhelos de sueños dorados… Aunque ahora, con la certeza de lo inválido de mi pasado y el único argumento de continuar hacia delante guiado por la inercia de esa convicción: “Es el, EL MUY GRANDE, quien tiene la exclusiva potestad de decidir cuándo se debe apagar mi farol”.

Por ahora… Hoy es un día diferente.

SCENARIO ENVOLVENTE

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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La dulce Popea

se metió en el calor.

No le atrae la juerga,

lo hace por compartir su locura de amor

Globos, grandes, tiernos, suaves.

A nadie le niega

sus pechos de miel,

y si cruza las piernas… te invita al placer.

¡Qué calor!

ETERNIDAD PARA LOS AGUARDANTES

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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Se espera, siempre se espera. Si caminas, esperas llegar a un lugar; si te detienes, esperas al tiempo pasar; si hablas, esperas ser escuchado; si callas, esperas que se respete tu silencio; si vives, esperas vivir más; si vas a morir, esperas que sea pronto y que no duela.

Se espera, siempre se espera…

Este rostro se veló con caretas horribles, con máscaras angelicales; algunas eran cabezas de animales, otras de niños sonrientes, y también las hubo de bebés lloriqueando ¿Qué importa cuál fuere la careta de turno si siempre estuve esperando? Estos ojillos tras las cuencas de cualquiera de las caretas, siempre miraban en un rango de derecha a izquierda y viceversa, esperando, angustiados, el ataque artero, el mal momento por venir.

Se espera, siempre se espera…

Hoy guardé mi colección de caretas, quería que vieras este rostro sin veladuras, quería que juntos soñáramos el mismo sueño, y fuiste complaciente. Sorbí el almíbar de tus entrañas y estuve dentro de ti. Ahora, esta imborrable sonrisa, sólo espera su perennidad ante ti…

Se espera, siempre se espera, pero ahora, mientras esperamos, reímos juntos la misma risa.

SOMBREROS PARA EL DÌA

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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Si se desmoronan mis piernas y brazos, me recluyo en mi diminuto ataúd en el que apenas cabe mi torso; mas, desde aquí puedo emprender mi vuelo migratorio hacia cielos demenciales donde los pies no son los que dejan huellas. Déjame ir a ese mundo  que para ti es bizarro, ese donde las casas se construyen con humo, con palabras o con pensamientos delirantes. No te interpongas Lógica, o atravesaré tu perceptible presencia como saeta irracional que soy. Esto está destinado a los sensibles y a los orates… y de eso, traigo mucho en mis bolsillos. Apártate Sensatez, que mi rumbo ya está trazado y es ineludible ¿O creen que me vestí de amarillo y pinté mi rostro de dos colores para hacer juego con la cordura?

Este enajenado no huye, se guarece en la sinrazón, pues aquí siempre es tibia la soledad.

ALBOROTO ENTRE PÉTALOS DESHOJADOS

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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En la vera del camino a Edenlar, se erigía una solitaria y encantadora casita deshabitada, cuya posesión era ambicionada por cuanto caminante pasaba por el lugar.

La casa era pequeña pero espigada. Sus tejados, en tonos amarillos y ámbar, aspiraban a competir con el brillo del Sol. Cada resquicio de sus níveas y tersas paredes eran una tentación al palpo, mas nadie las podía tocar, una energía magnética los rechazaba violentamente. La casa tenía tres puertas visibles; tres puertas ofreciendo acogedora tibieza al visitante escogido, pero este no aparecía. El tiempo transcurría… y el visitante no llegaba. Muchos peregrinos, procedentes de los cuatro puntos cardinales, llegaban hasta los umbrales trayendo consigo ofrendas, ilusiones, y palabras mágicas, pero ninguna de las puertas se abría, nadie pudo saborear la tersura y tibieza de sus paredes.

Aquella mañana de Septiembre, el viento del Noroeste trajo consigo a un empolvado andante de cabellos alborotados hasta los portales de la hermosa casita. Sus pasos enérgicos se contradecían con la dulzura de su mirada, profunda y llena de tristeza. Como por encanto, las puertas se abrieron de par en par, en señal de bienvenida… ¡Él era el visitante escogido! Sólo él pudo acariciar las paredes de la hospedería e ingresar a su antojo, indistintamente por las tres puertas, llenando con su esencia las entrañas de la hermosa casita que por tanto tiempo permaneció deshabitada.

Esta historia me la contó entre sueños, si mal no recuerdo, un señor de apellido Freud.

ESCALERA PARA UN SUEÑO

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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En esta burbuja en la que habito, siempre sobran cosas. Hay en demasía pues yo mismo las creo, ya que inventé este santuario para que nunca escasee nada. Sólo una vez fue profanada debido a mi incapacidad de fabricar amor, entonces opté por traerlo del exterior. Quien vino transportándolo, tenía las manos vacías. No tenía alforjas, sus bolsillos no contenían nada, sólo poseía algo que jamás había visto, algo que yo desconocía: una dulce sonrisa que me ofreció y recibí gustoso, asombrado además… nunca había visto una sonrisa que aflore desde el alma e irradie a quien se aproxime a ella. La extraña propietaria de la sonrisa, me imploró:-Nunca dejes que mi sonrisa se borre puesto que el amor soy yo… y si el amor deja de sonreír, llora… y si llora, fenecerá de dolor…

“Y DIOS HIZO EL AMOR” 

SEMILLA DE DIOSES

Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía

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Vinieron desde allá. Cuando llegaron, andábamos en cuatro patas y éramos “Un proyecto de Plenitud”. Ellos irguieron nuestros cuerpos, inquietaron nuestras almas, nos deslumbraron con el libre albedrio; mas, rebajaron nuestra esencia a “Un proyecto de felicidad. Ellos sembraron en nuestras mentes el temor a la muerte.

¿Sabes por qué, cuando andábamos a cuatro patas no rezábamos plegarias?… ¡Porque no temíamos morir! …Sentíamos dolor, pero jamás presagiábamos nuestra muerte.

Ellos metieron sus dedos en nuestras bocas y nos hicieron probar de la ilusoria utopía llamada felicidad. A partir de ello vivimos buscando alcanzarla, sin conseguirlo jamás; pues la felicidad es inexistente. Sólo es un coqueteo, una sonrisa superficial.

Vinieron desde allá, dejando a su paso una estela de mundos depredados y colapsados, y hoy están aquí culminando la depredación del nuestro, mientras esperan el colapso para huir en busca de otros horizontes

¡Quiero volver a mi andar en cuatro patas! ¡Quiero retornar mi esencia a “Un proyecto de plenitud! ¡Quiero hallar al Dios verdadero dentro de mí…! …Porque lo intuyo…Porque tiene lógica: Si somos hijos de Dioses, pues tenemos sangre divina… ¡¡Entonces también somos Dioses!!

LAGRIMAS EN LA TACITA DE TE

Ilustración y cuento de Oswaldo Mejía.

Cap. 17 del libro “Delirios del Lirio”

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Mientras escuchaba los ruidos parecidos a voces, que provenían del exterior, hurgaba en su mente buscando una reminiscencia, una evocación; algún rezago de un pasado… mas no los hallaba. En sus mil vidas, incontables veces pasó por estos extravíos, pero cada vida trae sus propias luces y sus propias oscuridades. Sólo una orfandad de recuerdos, copaba su raciocinio.

Cuando despertó a esta realidad, ya estaba aquí, atrapado dentro de esta jaula que pende de esa rechinante cadena venida desde allá arriba. Allá, donde su vista no alcanza a distinguir nada, pues la oscuridad es más densa y todo lo devora con cada centímetro de lejanía.

-¿Cómo  es que llegué aquí? ¿Qué es este lugar dónde estoy? ¡¿Dónde, dónde?! ¿Cuánto tiempo llevo en esta jaula? ¿Qué le sucedió a mi cuerpo? ¡No! ¡Esto no es más que una pavorosa alucinación!… No soy yo ¡No, este monstruo de osamenta cubierta con filosas escamas color verde! ¿Por qué habría de adoptar la forma de un nauseabundo reptil con alas? ¡Alas! Tengo alas…¡¡Grandes alas!! Pero…  ¿Para qué me sirven dentro de esta jaula? ¡Esta pesadilla es real! Y si es real,  quizás tenga el poder de volar sobre… ¿Sobre qué? Me resultan extraños estos parajes ¿Y la jaula? ¿Por qué estoy aquí, por qué? Tengo las piernas entumecidas. Debo llevar una eternidad en esta incómoda posición de cuclillas… pero esta maldita jaula no me permite variar mi penosa postura. Los barrotes aprietan mis alas contra mi tórax. Me resulta difícil respirar. ¡Ruidos extraños y el pánico que no cesan de martillar mi cerebro! ¡Esto debe ser el infierno! ¿Pero qué culpas o pecados estoy expiando? ¿O es que, simplemente, me volví loco? …Además del pánico que me provoca estar pendiendo en el vacío desde esta altura. No quiero mirar hacia abajo, el piso está tan lejos…-

Muy por encima de aquella casi total oscuridad, una débil luminosidad penetra hiriendo con tenues destellos algunas aristas de las paredes y los escalones empedrados de una larguísima escalera. Es una luz muy tímida, casi imperceptible, y de color gélido: pero es suficiente para copar la atención de un confinado. Se le hace sumamente atractiva. Huele a esas esperanzas que se anidan en la razón como una  delirante obsesión.

-Debo alcanzarla. Estos barrotes de acero no me lo impedirán… Dios mío, permite que mis debilitadas manos fuercen los hierros que me recluyen en este aislamiento  desesperante y cruel.

 ¡Ahhhhhhhh! Sí puedo, sí puedo ¡Ahhhhhhh…Ahhhhhhhhhh…Ahhhhhhh! ¡Sí, lo voy a lograr! …Esto está cediendo…

Los barrotes se rindieron a sus ansias de libertad. Aunque a duras penas pudo deslizar hacia afuera la poca maniobrable envergadura de sus alas, pero ya estaba afuera.

Evitando mirar hacia abajo para no ser presa del vértigo y el pánico, empezó a descender por la cadena, ansioso por alcanzar el piso.

La cadena chirriaba incesante; las manos le ardían por la fricción. No desvió para nada su mirada hacia abajo, mas sus cálculos le iban indicando que ya faltaba poco…

-¡El extraño intenta huir! ¡No lo dejen escapar!

¡Atrapadle! ¡ Atrapadleeeeeeeeeeeeeeee!

No pudiendo localizar de quienes, ni de donde provenían las voces, sólo atinó a soltarse, cayendo y estrellándose pesadamente contra el empedrado del piso. No era el momento para atender dolencias. De un brinco se puso de píe, y emprendió veloz carrera hacia el rincón por donde había visto que ingresaba la mortecina lucecita, pero que su instinto se la pintaba como una gran esperanza de salida.

-¿Quién grita? ¿Quiénes son esos que vienen hacia mí? ¡Debo darme prisa! No les veo, pero puedo oír sus respiraciones y sus pasos apresurados acercándose. Debo alcanzar esa luz. ¡Ah, maravillosa luz que alimenta la claridad! No importa a dónde me conduzcas mientras me saques de esta cerrazón…Hacia ti voy… 

-¡Centinelas! No dejen escapar al extraño, va hacia las escaleras ¡Deténganlo!

Conforme avanzaba hacia su objetivo, es paso iba estrechándose más y más…

-Me ahogo… ¡Dios mío, no consigo respirar!… Mis alas golpean contra las filosas salientes y aristas de las paredes. Me duele… ¡Duele mucho!

Trozos y jirones de carne ensangrentada le son arrancados en cada roce, quedando estos pegados a los muros, como señal de su apresurado paso.

 -¡Duele… duele mucho!… Pero no debo renunciar ¡No lo haré! No importa que mis alas se quiebren, no importa el fuego quemando mis carnes heridas, no importa lo que de mi quede en el camino …Debo concentrarme en la luz ¡Sigue, sigue!  Ya falta poco… Unos cuantos metros más… … ¡Vamos, vamos!

La luz crece en tamaño e intensidad. Ella es la esperanza, y está tan cerca

-¡Centinelaaaaas! ¡El extraño está subiendo por las escaleras! ¡Atrapadleeeeeeeeeeee, que no alcance la ventana!

¡Inútiles! ¡Usen los arcos y flechas!

Correr, correr y saltar al vacío… ¡Ahora! ¡Ahoraaaaaaaaaaaa!

Está parado sobre la base del marco de la ventana, frente al vacío, paralizado; deleitándose con el aire fresco que penetra por sus pituitarias invadiendo su ser, cuando siente las manos de sus perseguidores rozándole los tobillos, entonces salta…

-¡Diosssssssssssss, noooooooooooooo! ¡Mis alas no me obedecen! ¡Me voy a estrellar! ¡Debo aletear con más fuerzaaaaaaaaa! ¡Eso, eso! Lo estoy logrando…

Rapidamente, aunque sus alas se manifiestan torpes, van estabilizando su caída hasta convertirla en flotación.

-¡Quince monedas al arquero que lo derribe! ¡ Yaaaaaaaaaaaa!

-¡Lo logré! Estoy volando, puedo planear… maravillosa sensación… ¡Soy un ángel! ¡Sí, eso soy!

-¡Disparen malditos! ¿O quieren probar de mi ira?

-¡Oh, Noooooooo! Ajjjjjjjjj  ¿Qué es esto que me quema el pecho? ¡Maldición!  Me han da…do… Ahhhhhhhhhhh…

La caída libre. El cuerpo precipitándose en tirabuzón, y la desesperante sensación de las vísceras apretando el pecho y amenazando con salír expelidas por la boca. Crispa los dedos de las manos en un vano intento por sujetarse a algo…

-¡Está cayendo el extraño! ¡Le di en medio del pecho!

Je je je… Menudo porrazo que se ha dado.

Lo último que sintió, fue el sabor salado del fango, mezclado con su sangre, cubriéndole la lengua e invadiéndole la boca toda…

-Lo que tenías que pasar ya concluyó.

-Pero… ¿Quién eres? ¿Dónde estoy? ¿Cómo llegué aquí? Lo último que recuerdo, es retorciéndome en el lodo… y luego, como me fui sumergiendo en la oscuridad.

*-Soy Magdalena… Eva; la mujer de los mil rostros, y los mil nombres, que siempre estuvo a tu lado desde tus sueños. Soy quien venía a tus fantasías, con las alas blancas que pintaste para mí, y con estas ojeras color promesa que fueron tu inspiración durante tus mil vidas.

Yo rescaté tu cuerpo del fango Arq-ángel. Fui enviada para cuidarte y proteger tu misión, aunque en ello se fuera mi propia vida… Ahora debo irme, tengo una deuda que saldar. Esa Señora de túnica que ves allá, reclama por mi…

Yo soy el precio por el que ella te ha dejado vivir. Ese fue el trato y debo cumplir…¡Adios!

-¡Nooooooooooooooooooooooo!